La persecución de los cristianos en los últimos cinco años

La persecución de los seguidores de nuestro Señor Jesucristo no es un fenómeno nuevo. Desde los primeros mártires del libro de los Hechos hasta las catacumbas de Roma, la sangre de los creyentes ha regado la historia de la Iglesia. Pero lo que ocurre en el mundo contemporáneo supera en escala y alcance todo lo conocido hasta ahora. Las cifras documentadas por organizaciones especializadas revelan una realidad que la Iglesia evangélica no puede ignorar: el odio del mundo contra los que llevan el nombre de Cristo no ha disminuido, sino que se ha intensificado con fuerza inusitada en este siglo.

Estadísticas de persecución y un crecimiento sostenido.

La organización evangélica Puertas Abiertas (Open Doors) publica anualmente la Lista Mundial de la Persecución, el informe más fidedigno sobre la hostilidad contra los cristianos en el mundo. Sus cifras trazan una curva ascendente que debe llamar la atención de todo creyente.

En el año 2023, el informe documentó que más de 365 millones de cristianos enfrentaban persecución y discriminación por causa de su fe, lo que equivalía a uno de cada siete creyentes en todo el mundo. Un año después, en el año 2024, la cifra ascendió a 380 millones. Para el año 2025, el número alcanzó un nuevo récord: más de 388 millones de cristianos vivían en contextos de fuerte persecución y discriminación. En apenas tres años, la cifra ha crecido en 23 millones de personas.

Pero las cifras globales ocultan el sufrimiento concreto. Entre octubre del 2023 y septiembre del 2024, Puertas Abiertas registró 4.476 cristianos asesinados por su fe28.368 ataques a hogares y negocios cristianos, y 7.679 iglesias atacadas. En el periodo siguiente —octubre del 2024 a septiembre del 2025— las muertes ascendieron a 4.849, los detenidos a 4.712, y 3.632 iglesias fueron atacadas. Además, 22.702 cristianos se vieron obligados a huir de sus países y se documentaron 4.055 casos de violencia sexual contra creyentes.

El epicentro de la persecución en Nigeria y el África subsahariana.

África subsahariana se ha convertido en la región más mortífera para los cristianos. Desde el año 2015, es la principal región del mundo donde los creyentes son asesinados por su fe. Nigeria concentra la peor parte de esta violencia. En el informe 2023-2024, el país fue responsable del 69% de todos los asesinatos de cristianos en el mundo, con 3.100 creyentes muertos. En 2025, algunas fuentes estiman que más de 7.000 cristianos han sido asesinados en Nigeria, con 12 millones de desplazados. Los grupos extremistas Boko Haram, ISWAP y los pastores fulani armados son los principales perpetradores de esta masacre silenciada.

La persecución en otros continentes.

Corea del Norte encabeza la lista de los países más peligrosos para los cristianos desde 2002, a excepción del informe del 2022. Allí, creer en Dios se considera una traición al régimen, y se calcula que hay entre 300.000 y 500.000 cristianos que viven en la clandestinidad.

India es el país donde se detuvo al mayor número de cristianos (2.192), en aplicación de leyes anticonversión impulsadas por grupos nacionalistas hindúes. 2025 marcó el quinto año consecutivo de violencia récord contra los creyentes en la nación más poblada del mundo.

América Latina no es ajena a esta realidad. Cuatro países latinoamericanos aparecen entre los cincuenta de la LMP: Cuba (22), Nicaragua (30), México (37) y Colombia (46). Se estima que uno de cada dieciséis cristianos es perseguido por su fe en la región.

Lo que dice la Escritura.

La persecución no es una desviación del plan de Dios, sino parte de la advertencia profética. El Señor Jesús declaró en el sermón del Monte: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10). Y añadió: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos” (Mateo 5:11-12).

En el sermón profético del Monte de los Olivos, Jesús advirtió: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre” (Mateo 24:9). No se trata de una posibilidad remota, sino de una certeza escatológica: el odio del mundo contra los discípulos de Cristo se intensificará a medida que se acerque el fin.

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribió: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). No hay excepción para los que viven una vida de piedad genuina. El mismo Jesús había preparado a sus discípulos con estas palabras: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Juan 15:18).

Perspectiva doctrinal evangélica.

Desde una perspectiva evangélica, la persecución cumple varios propósitos divinos. En primer lugar, purifica a la Iglesia, separando a los verdaderos creyentes de aquellos que siguen a Cristo por conveniencia o tradición. En segundo lugar, da testimonio al mundo: la sangre de los mártires ha sido históricamente la semilla de la Iglesia. Tertuliano, el padre de la iglesia primitiva, lo expresó con claridad: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

En tercer lugar, la persecución es una señal de los tiempos. El incremento del odio contra los cristianos —documentado objetivamente por las estadísticas— se alinea con las palabras proféticas de Cristo y los apóstoles. El apóstol Pedro exhortó a los creyentes: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12). La persecución no debe tomar a la Iglesia por sorpresa; es parte del camino de la cruz.

La respuesta evangélica ante esta realidad no es el miedo ni la retirada, sino la oración, el apoyo práctico a los hermanos perseguidos y la firmeza en la fe. Puertas Abiertas documenta que ocho millones de cristianos perseguidos recibieron Biblias, literatura cristiana, capacitación y ayuda socioeconómica en 2023. La Iglesia no está llamada a huir de la persecución, sino a sostener a quienes la padecen.

Las cifras son contundentes: 4.849 cristianos asesinados, 4.712 detenidos, 22.702 desplazados solo en el último año documentado. Detrás de cada número hay un nombre, una familia, una comunidad que ha perdido a sus pastores, sus iglesias, sus hogares. La Iglesia perseguida no es una estadística; es el cuerpo de Cristo sufriendo en carne propia lo que el Señor ya advirtió que vendría.

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